Sirvió de granero y almacén y ha sido cuidadosamente restaurada y reconvertida en vivienda, ubicada en un pueblo del Empordà, es el refugio rural perfecto, para escapadar del mundanal ruido.

Preservando la estructura de la propiedad, queda la vista y se convierte en protagonista de la reforma. La casa tiene dos plantas y aprovecha toda la luz del día, gracias a las cristaleras instaladas. Todo ha quedado a la vista: las vigas, la estructura, la piedra original. Todo se ve natural y sencillo, sin excesos donde el mobiliario acompaña al marco de madera y piedra. Además para ello ha sido proyectado con criterios de sostenibilidad: cubiertas y suelos aislados térmicamente, ventanas y balconeras nuevas con rotura de puente térmico y doble acristalamiento bajo emisivo, placas solares para calentar el agua, e iluminación Led en toda de la casa. Un reforma encantadora para disfrutar del campo y del entorno rural.

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Arquitectos/ Glòria Duran Torrellas
Ubicación/ Baix Empordà, Girona
Fotografías/ Miquel Coll

Vía/ Revista AD